Partageons les bonnes idées.
Por Daniel Sandoval Costas
Queridas y queridos compatriotas:
Eugenio Téllez y Patricio Guzmán sí fueron homenajeados, pero la distancia entre quién homenajea y quién no, se volvió el mensaje.
Esa frase no habla solo de dos artistas. Habla de una brecha que hoy atraviesa a Chile: por un lado, universidades, festivales, fundaciones y vecinos que organizan exposiciones, funciones y conmemoraciones. Por otro, un Estado que a veces acompaña, a veces se ausenta y a veces recorta. La cultura sigue viva, pero ya no se encuentra en un mismo lugar.
Esa distancia importa porque el homenaje de Estado no es un gusto personal del gobierno de turno. Es el reconocimiento de que una obra ya pertenece a todos. Cuando el MAC expone a Téllez o FIDOCS recuerda a Guzmán, lo hacen desde su autonomía y su mérito, y eso es valioso. Pero cuando La Moneda no pone su voz, su presupuesto ni su ceremonia, el mensaje que queda, aunque no se diga en voz alta, es que hay memorias que son de todos y otras que son solo de algunos.
Y eso es peligroso, sea cual sea el color político. Si cada gobierno solo homenajea a los artistas que le resultan cómodos, la cultura se vuelve un botín. Hoy se deja fuera a un cineasta de la memoria, mañana se dejará fuera a un folclorista, a una escritora incómoda o a un músico joven. El país se acostumbra a tener dos historias paralelas y a desconfiar de sus propias instituciones. La democracia necesita lo contrario: un suelo común donde podamos discrepar sin borrar.
Cambiar la brecha no exige pensar igual. Exige tres acuerdos mínimos, que valgan para cualquier gobierno. Primero, que los homenajes, premios y conmemoraciones de Estado se decidan por trayectoria y aporte, no por afinidad. Segundo, que el financiamiento de museos, sitios de memoria, teatros y fondos concursables tenga estabilidad y reglas claras, y no dependa del humor fiscal de cada año. Tercero, que el Estado vuelva a estar presente, no para dirigir la creación, sino para garantizar que todos podamos acceder a ella, en todo el territorio.
Téllez y Guzmán ya tienen su lugar en la historia. Lo que está en juego no es su prestigio, es el nuestro. Si queremos un Chile que se reconozca en su diversidad, necesitamos un Estado que sepa homenajear incluso a quienes lo incomodan. Esa es la diferencia entre un gobierno que administra la cultura y un país que la cuida.
Con respeto,
Un ciudadano que cree que la cultura nos pertenece a todos.
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